La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Cuando Isaac pasó a lo largo de una calle estrecha, formada por dos líneas de tepees[9] de Lenape, los indios que le vieron no hicieron las demostraciones que acostumbraban cuando capturaban algún rostro pálido.
Algunas de las viejas mujeres levantaban los ojos de su trabajo, alrededor de las hogueras en donde humeaban las calderas, y murmuraban algún regaño entre dientes mientras pasaba el prisionero. Los guerreros que estaban sentados sobre sus mantas fumando tranquilamente sus largas pipas o paseaban alrededor de la llama ardiente, guardaban la más absoluta indiferencia. Las muchachas sonreían melancólicas y, en tanto, los chiquillos indios, de los cuales Isaac había sido siempre tan buen amigo, corrían detrás de él manifestando su alegría, hasta tal punto, que uno de los más pequeños se le agarró a una pierna y no le soltó hasta que le separaron.