La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —No; Elizabeth ha sido muy buena. No obstante, no creo que sea debido a un inusitado cambio de su temperamento, sino a la lluvia y al frÃo… Pero te auguro una verdadera catástrofe dentro de poco si tiene que permanecer encerrada en casa durante demasiados dÃas.
—No he tenido ocasión —replicó ella— de ser nada más que una chica bien educada; pero si la lluvia persiste durante muchos dÃas me desesperaré. ¡Yo quiero montar mi caballo, correr por los bosques, remar en mi canoa y divertirme mucho!
—¡Muy bien, Betty! Ya sé que la vida es muy triste para ti; pero no debes desesperar tan pronto. Tú llegaste a fines de otoño y aún no has disfrutado del buen tiempo. ¡Ya verás en mayo y en junio qué dÃas más espléndidos! Entonces yo te prometo llevarte a los bosques, que en aquella época están llenos de madreselvas y de rosas silvestres. Sé que te gustar los bosques, pero has de tener todavÃa un poco de paciencia.
Elizabeth habÃa sido siempre muy mimada por sus hermanos. ¿Qué muchacha no lo habrÃa sido, entre cinco grandes adoradores? La más insignificante cosa que le ocurriera, para ellos era lo más grave del mundo. Estaban orgullosos de ella de una manera indescriptible: de su belleza, de sus disposiciones, de todo. No tenÃa nada de extraño; pues, que nunca se cansaran de elogiarla.