La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry El cuarto día, Isaac se hallaba perdido sin esperanza en medio de aquellas selvas desconocidas y empezaba a sentir los dolores del hambre, pues sólo había comido algunas hierbas y bayas durante aquellos días. Sus vestiduras de piel de ante estaban hechas jirones; sus mocasines, reventados, y los pies, lacerados por las piedras y espinas de los abruptos parajes que atravesara. Empezaba a oscurecer cuando por primera vez tuvo conciencia de que se había extraviado. Sin embargo, aguardó esperando a que llegara la noche para orientarse con la estrella del Norte, el guía más fiel de los cazadores; pero el cielo estaba cubierto por las nubes y le fue imposible distinguir ni una estrella. Muerto de cansancio y perdida toda esperanza, dejó caer su extenuado cuerpo en un macizo de laureles y aguardó que amaneciera.
El lúgubre graznido de una lechuza, las pisadas furtivas de algún animal de patas ligeras al pasar cerca de aquellos matojos y los tristes gemidos del viento al azotar la cumbre de los árboles, le tuvieron desvelado durante largas horas; pero al fin le rindió el cansancio y se quedó dormido.