La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Habían pasado las frías lluvias otoñales con sus ráfagas de nieve y ya el invernal solsticio con sus borrascas heladas había Regado. Los encendidos rojos y amarillos de la Selva Negra en otoño habían cedido a los colores sombríos del invierno y su otoño era indescriptiblemente triste y desolado. En el remanso del río, a la cabeza de la isla, el hielo había formado una estrecha garganta, y de orilla a orilla, los troncos y la maleza arrastrados por las aguas, junto coro gigantescos témpanos de hielo, habían formado una presa que llegaba a resistir el poderoso empuje de la corriente. Aquella presa natural permanecía sólida hasta que el tibio aliento de la primavera hiciera desaparecer los restos helados del viejo invierno. Todas las colinas de los alrededores del Fuerte Henry aparecían cubiertas por la nieve. Los despojos que el agua había arrastrado subían hasta el nivel de la valla del coronel Zane, llegando, en algunos sitios, incluso a cubrirla, mientras los pinos del patio se doblaban perezosamente bajo el peso de su blanquísima carga.
