La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¡Pues a mÃ, todo lo contrario! ¡No me da la gana de que la gente hable de ti! —replicó el coronel empezando a perder la paciencia—. El pasado otoño permitiste a Clarke que te dedicara muchÃsima atención y, según todas las apariencias, cuando se marchó, estabais en las mejores relaciones del mundo. ¿A qué viene, pues, que ahora que el muchacho ha vuelto te niegues incluso a saludarle, mientras permites que ese otro muchacho, Miller, vaya corriendo siempre detrás de ti? En mi apreciación, Miller no puede compararse con Clarke y, a juzgar por los cariñosos saludos que esta mañana recibÃa de todo el mundo, la mayor parte de nuestra gente es de mi opinión. No vengo yo ahora a hacerte la propaganda de Clarke; sólo digo eso porque para Bessie, para Jack, para todo el mundo, tu actitud es incomprensible. La gente dice que eres una coqueta y que serÃa mucho mejor que te comportaras como todas las muchachas de tu edad en el paÃs.
—¡Yo no he permitido nunca que el señor Miller vaya detrás de mà en la forma que tú te complaces en echarme en cara! —replicó Betty, indignada—. En primer lugar, no me gusta; y después, nunca le he visto más que en presencia de Bessie o de alguien. ¡Demasiado sabes tú eso! Yo no podÃa privarle que se pusiera a mi lado esta mañana al ir a la iglesia.