La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¡Uf! —exclamó la señora Zane—. ¡Pues sà qué has tardado en darte por agraviada! Estoy segura de que al fin y al cabo será alguna tonterÃa. No es hombre el señor Clarke para injuriar a una señorita. ¡Si todas las muchachas andaban locas detrás de él el año pasado! Si no fuera un hombre como es debido, bien seguro que no habrÃa ocurrido asÃ.
—Pues si estaban locas por él, a mà no me importa. ¡Que se lo guarden y que le den la bienvenida! Yo no le quiero para nada, ni le quise nunca, y ya empiezo a estar cansada de oÃr a todo el mundo elogiándole. ¡Le detesto! ¿Lo oyes? ¡Le detesto! Y te agradeceré que te marches y me dejes sola.
—Bueno; lo que yo te digo es que eres una muchacha muy rara —contestó la señora Zane al adivinar que la explosión de violencia de Betty presagiaba una terrible tempestad de llanto—. No creo ni media palabra de lo que me has dicho. —Y al llegar a la puerta, se volvió e insistió con maliciosa intención—: Y sobre todo, no creo que le detestes. ¡Ahà lo tienes!