La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Al oír aquellas palabras, el coronel Zane cogió su sombrero y, sin decir ni una palabra, se fue escaleras abajo. Betty no tuvo intención de contestar a su hermano en la forma que lo había hecho, y al momento se arrepintió de sus imprudentes palabras y llamó al coronel, pero éste ni le contestó ni volvió.
—¡Betty! ¿Qué demonios le has dicho a mi marido? —dijo la señora Zane entrando en el cuarto casi sin aliento por lo de prisa que había subido las escaleras, y mirándola con angustiosa inquietud—. Ha bajado más blanco que esta sábana y se ha marchado al fuerte sin decirme ni una palabra.
—Pues, sencillamente: le he dicho que Clarke me habla injuriado —contestó Betty, lo más tranquila que pudo.
—¡Santo cielo! ¡Betty! ¿Qué has hecho? —exclamó la señora Zane—. ¿Pero no conoces tú a Eb cuando está enfadado? ¿No sabes lo loco que está por ti? ¡Es capaz de matar a Clarke!
Sin embargo, Betty no se inmutó y replicó a su cuñada que no llegaría la sangre al río.
—Y ¿cuándo te injurió? —insistió su cuñada con curiosidad.
—En octubre pasado.