La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —Si ha ocurrido algo con Clarke, que yo ignoro y debiera no ignorar, te mando que me lo digas en seguida. A mÃ, personalmente, me gusta mucho; pero eso no quiere decir que a ti tenga que ocurrirte lo mismo. Puedes, si quieres, no interesarte nada por él; pero ni asà queda justificada tu actitud. Betty, en estas colonias de la frontera, un hombre se conoce muy pronto por lo que en realidad vale. A toda la gente del fuerte le gusta Clarke; los chiquillos le adoran; a Bessie le es muy simpático; tú sabes que con Isaac intimó muchÃsimo; y hoy se ha comportado como un hombre. Vi la mirada que Miller le dirigió y… ¡Vamos, que no me gusta ese Miller de ninguna manera! Hasta aquà te he expuesto mi punto de vista. No se trata aquà de que te guste o no te guste Clarke; ése no es asunto mÃo. Se trata sencillamente de que aunque no fuera el hombre que todos vemos, tu conducta con él no es propia de una Zane y no me da la gana de que ese estado de cosas continúe.
Betty habÃa visto más de una vez al coronel enfadado, pero nunca con ella. Sin embargo, reconoció que le habÃa disgustado y aun olvidó su propio resentimiento con las alabanzas que su hermano hiciera de Clarke; pero recordando nuevamente lo pasado, volvió a irritarse contra sà misma por su debilidad y, ante la revulsión de aquellos sentimientos, rompió a llorar exclamando:
—¡No es más que un fresco despreciable! ¡Nunca se interesó por mÃ! ¡Me ultrajó villanamente!