La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¡Que sea bien venido, de todos modos! —dijo el coronel Zane.
—Eso no tendrÃa tanta importancia —continuó el capitán Boggs con cierta inquietud— si yo no hubiese mandado a los hombres a la parte alta del rÃo…
—Pero ¿es que creen ustedes que se van a encontrar con los indios?
—Es posible —contestó el coronel tranquilamente—, pero no lo creo probable. Los indios están todos en la orilla opuesta del Ohio. Wetzel debe haber ido por allà y llegará mucho antes que ellos.
—Espero que asà sea —repitió el capitán Boggs—. Tengo gran confianza en sus opiniones. Voy a mandar algunos exploradores y a tomar todas las precauciones posibles. Vamos, Lydia; nos volveremos a casa.
Cuando se hubieron retirado, el coronel atrancó la puerta.
—¡Uf! Qué tiempo más feo está haciendo esta noche —exclamó el coronel—. Por nada del mundo quisiera pasarla fuera.
—¿Qué debe de hacer Lew Wetzel en una noche como ésta? —preguntó Betty con inquieta curiosidad.
—¡Oh! Lew debe estar tan cómodo como un conejo en su madriguera —dijo el coronel sonriendo—. En pocos momentos se construirá una choza de abedul, encenderá fuego para calentarse y después dormirá tranquilamente.