La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry —Coronel Zane: yo puedo jurarle que no debo nada a su hermana, y voy a contárselo sencillamente porque usted ha sido siempre mi amigo y no quiero de ningún modo que usted tenga una idea equivocada de mí. Le diré la verdad, pues, y usted podrá juzgar si he injuriado o no a su hermana. Yo me enamoré de ella casi desde el primer momento en que la vi. A la noche siguiente al día en que los indios cogieron nuevamente a su hermano, Betty y yo permanecimos un rato fuera, a la luz de la luna. Tenía un aspecto tan desconsolado y me sentí tan triste por ella, que llevado por mi amor, fui víctima de un momentáneo impulso y la besé. Ya sé que no tengo excusa, pero no pude evitarlo. Ella me dio un bofetón y se metió corriendo en su casa. Yo había tenido la intención de confesarle mi amor aquella noche y colocar mi destino en sus manos; pero, naturalmente, mi desgraciada imprudencia lo imposibilitó. Como al día siguiente tenía que marcharme, permanecí levantado toda la noche, pensando en lo que podría hacer, y, por fin, decidí escribirle. Le mandé una carta en la que se lo confesaba todo y le pedía si quería ser mi esposa. Di la carta a su esclavo Sam diciéndole que era cuestión de vida o muerte y encargándole que por nada del mundo la perdiera ni dejara de entregarla a la señorita Betty. Y bien: no he recibido contestación alguna, y hoy ya ha visto usted cómo me ha vuelto la cara fríamente. Ésa es mi historia, coronel Zane.