La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —Esa carta no ha llegado nunca a manos de Betty —dijo tranquilamente el coronel—. Su conducta no es la de una muchacha que pueda contestar «sû o «no». Sam no ha tenido simpatÃa por usted nunca y siempre ha aprovechado la ocasión para hablar mal de usted.
—¡Si no entregó la carta a su hermana, tengo que matar a ese condenado negro! —gritó exaltado Alfred levantándose de la silla—. Pero ¡por Dios! Nunca se me ocurrió la posibilidad de que no hubiese recibido la carta… ¡Qué habrá pensado de mà su hermana! ¡Claro! Debió pensar que me habÃa marchado sin decir una palabra, y si realmente conoció que yo la amaba, no pudo pensar de mà de un modo más terrible.
—Bien. Ya veo que podrÃa usted explicarse más detalladamente, pero me doy por satisfecho —dijo el coronel—. Ahora iré a ver a Sam para averiguar lo que ha sucedido con la carta. Estoy muy satisfecho de haber pensado de usted del modo que siempre lo he hecho. Ya me imagino que eso le habrá herido de veras, y no me sorprende. ¡Quién sabe si todavÃa podremos arreglarlo todo! Mi consejo ahora es… pero no importa eso ahora. De todos modos, ya sabe usted que soy su amigo en este asunto, y ya le comunicaré el resultado de mi entrevista con Sam.