La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¡Si siempre lo habÃa dicho yo, que ese muchacho es todo un caballero! —murmuraba el coronel Zane mientras atravesaba el verde cuadrado del fuerte y subÃa el pequeño declive hacia las cabañas.
El viejo esclavo estaba sentado en el umbral de su casa.
—Sam, ¿qué hiciste de una carta que te dio el señor Clarke en octubre pasado, encargándote que la entregaras a la señorita Betty? —pregunto el coronel severamente.
—Sam no lecuelda ninguna calta, zeñó —replicó el n negro.
—Mira, Sam, no mientas. El señor Clarke acaba de decirme que te la entrego a ti. Anda, dime, ¿qué hiciste de ella?
—Masa Zane, el nego no ha visto ninguna calta —contestó Sam, bastante confuso, sacando de su boca la pipa sucia que estaba fumando y mirando de reojo a su amo.
—Si vuelves a mentir te castigaré —dijo el coronel severamente—. Ya empiezas a ser viejo, Sam, y no me gustarÃa nada tener que azotarte; pero me veré obligado a hacerlo si no encuentras esa carta.
Refunfuñando entró Sam en su cabaña. El coronel le oyó registrar durante un buen rato y por fin salió y le alargó un papel sucio y arrugado.