La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Y después de haberle dirigido aquel ligero reproche, el coronel salió, dejando a Betty del todo desconcertada. Las palabras «muy tarde», «nunca podrá olvidarte» y «es una verdadera lástima», danzaban sin parar en su cerebro. ¿Qué habría querido decir su hermano? Con manos temblorosas abrió la carta, y acercándola a la luz mortecina del crepúsculo, leyó:
Querida Betty:
Si usted hubiese esperado un momento, estoy seguro de que no habría quedado enfadada conmigo. Las palabras que tanto quise decirle, me ahogaron y tuve que callar. La amo. La he amado desde aquel primer bendito momento en que levanté la mirada por encima de la cabeza de su poney para ver los ojos más dulces que el sol ha alumbrado; y seré el hombre más feliz de la tierra si usted me dice que se interesa un poco por mí y me promete ser mi esposa.
Hice mal en besarla y le ruego que lo olvide. Si hubiese visto su propia cara como yo la vi, a la luz de la luna, no necesitaría defenderme. Usted sabría muy bien que el impulso que me sedujo era irresistible. En aquel beso yo le di mis esperanzas, mi amor, mi vida, mi todo. Deje que él interceda por mí.
Espero volver de Fuerte Pitt dentro de seis u ocho semanas, pero no quiero esperar hasta entonces su contestación.