La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¿Lo ve? —dijo el coronel—. ¡Si ya lo habÃa dicho yo! Ahora lo sabremos todo. La primera llamada era de Jonathan y acaba de ser contestada.
Transcurrió un largo rato sin que se percibiera el rumor más leve. Los niños se habÃan dormido sobre las mantas de piel de oso. La señora Zane y Betty habÃan oÃdo los comentarios del coronel y permanecÃan sentadas, con cara pálida y ojos asustados, sin saber lo que esperaban.
Ligeras y sosegadas pisadas resonaron en el sendero y una figura corpulenta apareció en la oscuridad; subió las escaleras y atravesó el umbral.
—¡Wetzel! —exclamaron a coro los que esperaban. Efectivamente, era el cazador; pero ¡qué espantoso era su aspecto! Todas sus vestiduras aparecÃan mojadas, destrozadas, hechas jirones y llenas de barro. El agua que de todo su cuerpo se escurrÃa iba formando pequeños charcos en el suelo; sólo su rifle y el cuerno de la pólvora estaban secos. Su cara era blanca como el papel, excepto en una sien, en donde de una herida de bala se escapaba un hilo de sangre que se escurrÃa hasta su mejilla, mientras una luz siniestra resplandecÃa en sus ojos. En aquellos momentos, el aspecto de Wetzel era espantoso.