La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry El coronel Zane se sentaba ahora más a menudo, y durante más largos ratos que antes, en el umbral de su puerta, su lugar favorito. Aquella tarde acababa de llegar a su casa después de una dura jornada en su campo y se sentó un rato al fresco antes de ir a cenar. Hacía algunos días que Isaac Zane y su esposa Myeerah habían traído un tratado de paz firmado por Tarhe y por todos los jefes wyandots, y la en otros tiempos implacable tribu hurón se disponía a ser la mejor amiga de los rostros pálidos. El coronel Zane y sus hermanos habían firmado el tratado y Betty, a fuerza de ruegos y de sermones, había conseguido que Wetzel enterrara para siempre el tomahawk que en otros tiempos levantara contra los hurones. He aquí, pues, que el amor de Myeerah, como el amor de tantas otras mujeres, había conseguido lo que no pudieron tantos años de guerra y tantos torrentes de sangre.