La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —¡Papá, si no pude ver ninguno! Sólo pude oÃr los disparos y los gritos que daban. Sammy estaba muy asustado, pero yo no; y hasta quise asomarme por los agujeritos del cuarto oscuro de arriba; allà donde nos encerraron.
—Si ese niño crece con las aficiones de Jonathan y de Wetzel, te aseguro que va a ser mi muerte —dijo la esposa del coronel al oÃr la charla de su hijo.
—No te apures, Bessie. Cuando Noah sea un hombre, los indios ya se habrán ido muy lejos.
En esto, el coronel Zane oyó el galope de un caballo; levantó la vista y al ver venir a Alfred Clarke por el camino, montando su negro caballo de pura sangre, se levantó y fue a su encuentro.
—¿Qué hay de bueno, Alfred? ¿Viene usted de dar un paseÃllo?
—SÃ; he querido dar a Roger un poco de ejercicio; le hacÃa mucha falta.
—¡Ah, qué magnÃfico animal tiene usted! Nunca se cansarÃa de verle correr… ¡Nada, que es la mejor pieza de este lado del rÃo! Y dÃgame, ¿cómo es que desde el sitio del fuerte se le ha visto tan poco por aquÃ? Ya supongo que debe de haber estado usted muy ocupado arreglando y remendando sus armas y sus cosas, y eso es lo que tienen que hacer los jóvenes; pero… ¡vamos!, tiene que venir a vernos a menudo.