La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Después de los acontecimientos narrados en el anterior capítulo, pasaron para la colonia muchas semanas en la tranquilidad más absoluta. Nuestros hombres se dedicaron a la siembra de sus semillas, a la recolección de las cosechas y al cultivo de sus campos /durante la primavera y el verano, sin que llegaran a oír el temido grito de guerra de los indios.
El coronel Zane, que había sido un arrojado oficial del ejército de lord Dunmore, al servicio del cual había alcanzado el grado de coronel, al llegar el verano visitó el Fuerte Pitt con la esperanza de aumentar el número de soldados de la guarnición de su fuerte; pero todos sus esfuerzos fueron vanos y tuvo que regresar al Fuerte Henry por el camino del río, acompañado de algunos pioneers, entre los cuales se contaba un sacerdote, quien pasaba las semanas dedicado al cultivo de los campos y al llegar el domingo reunía a aquellas gentes en la capilla del fuerte y les predicaba el Evangelio.
Alfred Clarke tenía su domicilio permanente en el mismo fuerte, en donde había sido instalado como uno de los regulares de la guarnición. Sus deberes, al igual que los de los otros nueve miembros que la componían, eran muy leves. De las veinticuatro horas del día, dos solamente estaban para él destinadas a la guardia. Le quedaba, pues, tiempo de sobra para relacionarse con los hombres de la colonia y con sus familias.
