Lluvia de oro
Lluvia de oro El yaqui ató un extremo del lazo al palo-verde y, haciéndolo girar sobre su cabeza, lo arrojó hacia el primer borde del saliente, a unos treinta pies de altura. El palo-verde no quedó encajado. Repitió la operación hasta conseguir que quedase alojado en una cisura. Tiró fuertemente y, viendo que no cedía, empezó a gatear, trepando cogido a la cuerda del lazo, con los pies apoyados en la casi vertical pendiente. Cuando alcanzo el saliente, hizo señas a Dick de que le imitase. Gale hallo aquel modo de escalar una ladera rápido y relativamente fácil. El yaqui desalojo el palo-verde, tirándolo por igual procedimiento a otro saliente superior. El tercer intento les llevo a un punto en extremo escabroso, a unos trescientos pies sobre la base. El yaqui dio un rodeo hacia la izquierda, seguido de Gale, hasta llegar a un trecho más llano, pero desde el que era imposible abarcar extensión alguna. Por todas partes surgían truncadas secciones de acantilado.