Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto El joven trató de incorporarse apoyándose sobre las manos, pero no tenÃa fuerzas. Al mismo tiempo desapareció la locura de matar para comer. Se dio cuenta del peligro que corrÃa. Le morderÃa la culebra. Adán tuvo una rápida visión de lo justo del castigo, vio los extraños y frÃos ojos verdes del animal, tuvo un momento la sensación de la belleza y del fiero espÃritu de aquel reptil del desierto. Después le invadió el terror, helándosele la sangre en las venas; al mismo tiempo que le aturdió el miedo, oscurecióse su razón. Ahora sólo era un animal temeroso, fascinado por otro y presintiendo la muerte por instinto. Y al sobrevenir el colapso, cayendo Adán pesadamente sobre la arena, la culebra hirióle en el rostro como si su boca fuese un hierro candente. Adán perdió entonces el sentido.