Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Con la misma suavidad le ayudó a recostar la cabeza sobre la especie de almohada, cubriéndole luego con la manta. Una extraña sensación de plenitud invadió a Adán, causándole modorra, y a poco se quedó dormido.
Al día siguiente despertó con las torturas del hambre renovadas, y su dolor era tan agudo que se le antojaba indeseable la vida. Las horas transcurrieron lentas, eternas, pero el día siguiente no fue va tan insoportable, y después, gradualmente fue mejorando, iniciándose la lenta convalecencia.
Los indios que habían recogido a Adán eran una rama de la tribu de los coahuila. Charley Yim, uno de los notables de la tribu, guardaba sentimientos amistosos hacia los blancos; de espíritu nómada, iba con los suyos de oasis en oasis. Conocía a Dismukes, y contó a Adán que el minero y él habían encontrado oro en aquel cañón. La familia de Charley Yim consistía en varias squaws[6], algunos hombres jóvenes, dos muchachas, de la que Oella era la menor, y una turba de chiquillos salvajes como ratas del desierto.