Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto —Pues… me doy por vencido. No le conozco.
—Soy Wansfeld —dijo Adán.
Dismukes se le quedó mirando fijamente; cambió la expresión de su rostro, pero no porque le hubiera reconocido.
—¡Wansfeld! ¡Wansfeld! —exclamó—. Conozco ese nombre… ¡Ya lo creo! Lo he oÃdo muchas veces en todo el desierto Mohave… Me alegro mucho de encontrarle ahora…, pero es la primera vez que le veo a usted.
Lo acerbo del encuentro para Adán llegó a su punto máximo cuando Dismukes no pudo reconocerle. Era la última y definitiva prueba del cambio que se habÃa operado en él. Los años pasados en el desierto habÃan transformado al joven Adán Larey en el hombre llamado Wansfeld. Por primera vez en su vida se sintió absolutamente seguro; nunca le reconocerÃan, jamás podrÃan prenderle por el crimen cometido. ParecÃa renacer en aquel momento.
—DÃgame, Dismukes, ¿cuánto le falta para reunir aquellos quinientos mil dólares? —preguntó sonriendo Adán, divirtiéndose ahora con la ignorancia del minero.
—¡Demonio! ¿Cómo sabe usted eso? —exclamó Dismukes.
—Usted mismo me lo dijo.