Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto El sol estaba ya en la segunda mitad de su curso cuando Adán descendió por el sendero hacia la espesura de mezquites. Iba con paso lento a causa del esfuerzo mental realizado. Cuando llegó abajo, el sol bordeaba precisamente la rampa del cañón, inundándolo con sus áureos rayos. Adán creyó que Genia, cansada de esperarle, estarÃa durmiendo sobre la arena o, cuando menos, leyendo, y que asà le serÃa fácil deslizarse hasta ella, sorprendiéndola. A menudo entretenÃanse con tales juegos, ganando Genia las más veces.