Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Y cuando ya la caÃda de Adán era inminente, cuando la catástrofe pendÃa sobre él como la enorme roca que amenazaba rodar desde la montaña al valle, su alma rebelóse contra la traidora tentación.
—¡No…! ¡No! —exclamó con fuerza—. No puede ser para mÃ.