Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto ¡Lo ideal, lo espléndido, serÃa que de su juventud de estulticia, con su ciego amor por su hermano y su débil voluntad para oponerse a él; del amargo momento pasional y su fatal resultado, de la larga tortura de las durezas del desierto y sus luchas con almas tan salvajes como, la suya, de las terribles tinieblas tan llenas de remordimiento, surgiese el hombre que, avezado a la ferocidad del desierto para sobrevivir, usara esa fuerza para un fin noble y, elevándose por encima de su naturaleza, se sacrificara a la antigua ley bÃblica —vida por vida— y, con fe en el ignorado futuro, entregara su espÃritu al progreso de las edades!
—Daré mi vida por la de mi hermano —dijo por fin Adán con decisión—. Me entregaré para sufrir el castigo de mi crimen. ¡Pagaré con mi cuerpo para que se pueda salvar mi alma!