Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —SÃ, hay oro, aunque no en grandes cantidades, pero lo suficiente para él y sus hombres. Durante semanas lavan la arena para extraer el oro, luego roban algún ganado o un pequeño hato, y se van a los pueblos para beber, para gastar pólvora y para matar a quien se opone a ellos o les provoca…, todo para engañar a los jinetes de la pradera.
—DecÃs que roban poco ganado. ¡Pues el hatajo de Withersteen, el hatajo rojo, constaba de dos mil quinientas cabezas! Eso no es un hatajo pequeño. Y fue él quien lo robó, porque yo seguà sus huellas y vi a los animales en un valle cercano.
—Oldring no robó ese hato. Obró en combinación con los mormones. Éstos avisaron a los jinetes para que abandonasen el servicio, y Oldring recogió el ganado para guardarlo cierto tiempo…, no sé cuánto…, y luego llevarlo nuevamente a la pradera. No sé qué participación tiene él en todo esto.
—¿Sabéis por qué se hizo ese convenio?
—No, pero sé que era una treta de los mormones. Siempre andan con engaños y misterios. He oÃdo hablar de los mormones a los hombres de Oldring. Parece que esa mujer, la Withersteen, no querÃa dejarse dominar. Vi al hombre que hizo el trato con Oldring. Era pequeño, de extraña figura, pero montaba bien a caballo. Después me dijeron que no habÃa mejor jinete en toda la pradera. Olvidé su nombre.