Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Bess, preguntáis más de lo que puedo contestaron. Yo no entiendo de eso. Sólo sé que aquà hubo risas y que ahora reina el silencio. Hubo vida y ahora no existe. Han sido hombres los que trazaron estos peldaños, hicieron estos pedernales y piedras de moler, tejieron las cuerdas que encontramos, y dejaron sus propios huesos, que se deshacen entre nuestros dedos. En lo concerniente al tiempo, hubiera podido ser ayer. Hoy estamos nosotros aquÃ. Acaso nos hallamos más elevados que ellos en la escala de los seres humanos, en inteligencia. Mas ¿quién sabe si estaremos al mismo nivel en lo que se refiere a las cosas por las cuales se vive y se lucha?
—¿Cuáles son?
—Pues… supongo que la amistad, la familia… el amor.
—¡El amor!
—SÃ. El amor del hombre por la mujer, el amor de la mujer por el hombre, que es la quintaesencia de la vida.
Bess no dijo más. Un anhelo brilló en sus tristes ojos.
—Venid, vayámonos de aquÃ.