Los Jinetes de la Pradera Roja

Los Jinetes de la Pradera Roja

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Capítulo XV

Cuando en los brumosos días estivales las sombras empezaron a alargarse en la ancha cuesta que formaba la pradera roja, Juana Withersteen las comparó con las sombras que poco a poco iban cercando su vida.

La señora Larkin murió, y la pequeña Fay quedó huérfana y sin parientes conocidos. Juana redobló su cariño por la niña, que era la luz que animaba sus tristes horas, y Fay se volvía hacia Juana en infantil adoración. También en Lassiter causó la muerte de la señora Larkin una reacción sutil. Antes, sin explicar los motivos, había aconsejado muchas veces a Juana que entregara la pequeña Fay a cualquier familia gentil que quisiera tomarla a su cargo. Y la joven rechazó siempre apasionadamente semejante idea. Ahora Lassiter no hablaba ya de ello, y contemplaba mas triste, más abatido e infinitamente más cariñoso a la niña. A veces Juana sufría una inexplicable sensación de miedo, de terror, al ver a Lassiter contemplar así a la pequeña. ¿Qué quería ver el jinete en el futuro de ella? ¿Por qué se volvía cada vez más silencioso, más quieto, más sereno y más triste?



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