Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Cuando en los brumosos dÃas estivales las sombras empezaron a alargarse en la ancha cuesta que formaba la pradera roja, Juana Withersteen las comparó con las sombras que poco a poco iban cercando su vida.
La señora Larkin murió, y la pequeña Fay quedó huérfana y sin parientes conocidos. Juana redobló su cariño por la niña, que era la luz que animaba sus tristes horas, y Fay se volvÃa hacia Juana en infantil adoración. También en Lassiter causó la muerte de la señora Larkin una reacción sutil. Antes, sin explicar los motivos, habÃa aconsejado muchas veces a Juana que entregara la pequeña Fay a cualquier familia gentil que quisiera tomarla a su cargo. Y la joven rechazó siempre apasionadamente semejante idea. Ahora Lassiter no hablaba ya de ello, y contemplaba mas triste, más abatido e infinitamente más cariñoso a la niña. A veces Juana sufrÃa una inexplicable sensación de miedo, de terror, al ver a Lassiter contemplar asà a la pequeña. ¿Qué querÃa ver el jinete en el futuro de ella? ¿Por qué se volvÃa cada vez más silencioso, más quieto, más sereno y más triste?
