Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Al avanzar la tarde, el joven perdió en parte su preocupación; sin embargo, no dejó de vigilar atentamente el camino y la pradera, pues Jerry Card era capaz de hacer alguna de las suyas. Venters se confesó de mala gana que aquel jinete había sido más astuto que él; no obstante, seguía creyendo obstinadamente en que Card perecería al fin.
El viento amainó; el rojo disco del sol iba aproximándose a la lejana y elevada parte oeste de la pendiente, y las sombras iban alargándose poco a poco. Los bordes de los cañones reverberaban purpúreos, y las profundas hendiduras parecían expeler humo azulado. El silencio lo invadió todo.
Fue interrumpido súbitamente por el horrible relincho de un caballo y el ruido de recias pisadas sobre el endurecido suelo. Venters se puso de un salto en pie y miró hacia el Sur. A lo largo del borde del cañón avanzaba Camorra, corriendo nuevamente con todas sus fuerzas.