Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Poco después me alejé de mi casa, en la que sólo mi hermana me había retenido, y me trasladé a Pand Handle, dónde pasé semanas muy duras. Después me dirigí al Norte, a Kansas y Nebrasca, Estados en que reinaba entonces el mismo desorden que aquí, en Utah. Me vi obligado a familiarizarme en el manejo de los revólveres, y no hubo muchos jinetes que pudiesen aventajarme. Antes de que me diese cuenta habían transcurrido dos años, me entró nostalgia y guié mi caballo hacia el Sur.
»Las cosas habían cambiado. Jamás he podido olvidar el disgusto de aquel regreso. Mi madre estaba muerta, enterrada. Mi padre, enfermo y taciturno, más muerto que vivo. Frank Erne no era el mismo, parecía un fantasma. Ya no trabajaba ni predicaba; la religión no era ya nada para él, y… Milly había desaparecido. Tardé mucho tiempo en conocer lo sucedido. Mi padre casi había perdido la memoria a causa de los sufrimientos, y Frank Erne tenía miedo de hablar. De aquí que tuviera que valerme de gente extraña para saber lo que había pasado.