Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja HabÃa llegado el momento de que Venters y Bess abandonasen su refugio. Costábales mucho trabajo elegir las pocas cosas que podrÃan llevarse en su viaje para salir del Estado de Utah.
—Bern, quisiera saber qué clase de paquete es éste que tengo aquà —exclamó Bess levantándose, muy encarnada.
Él, absorto en su trabajo, no alzó los ojos, y contestó que habÃa traÃdo tantas cosas de Cottonwoods que no recordaba ni la mitad.
—¡Este paquete está hecho por una mujer! —exclamó Bess.
El joven no comprendió la significación de aquellas palabras, pero el tono de la voz le obligó a ponerse inmediatamente en pie, vio a Bess arrodillada ante un hatillo que reconoció al punto, porque era el que le habÃa dado Juana.
—¡Pardiez! —exclamó, y al ver el rostro de Bess echóse a reÃr.
—¡Este paquete está hecho por una mujer! —repitió la joven mirándole tristemente.
—Bueno… ¿Es que eso es un crimen?
—Entonces… ¡hay en tu pasado una mujer!
—Bess…
—¡Me has mentido!
