Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Lassiter, quiera Dios que nos volvamos a ver! —exclamó Venters con voz profunda.
—No es probable, muchacho…, no es probable. Bueno, Bess Oldring, jinete Enmascarado, Isabel Erne…, monta en Estrella Negra. Me han dicho que sabes manejar caballos. Pues bien, querida sobrina, no ha habido aún ninguno que pueda vencer a Estrella Negra…, excepto uno.
—No, Lassiter, ninguno ha podido vencerlo —dijo Juana, con el orgullo de antes.
—A veces, asà lo creo… Pero tal vez, Venters, cuando efectuó aquella famosa carrera al volver con vuestros favoritos… Muchacho, ¿verdad que Camorra era mejor?
—No, Lassiter —repuso Venters, y su mentira le valió una sonrisa de Juana.
—Bueno, bueno; está visto que no acierto siempre en mis juicios sobre caballos. Pero estoy perdiendo el tiempo hablando demasiado. No siempre se encuentra y se pierde a una sobrina bonita, todo en una hora. Isabel, ¡adiós!
—¡TÃo Jaime!… ¡Querido tÃo! ¡Adiós, adiós!
—¡Isabel Erne, sé feliz!… ¡Adiós! —exclamó Juana.
—¡Adiós!… ¡Adiós!