Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters espoleó a Camorra y le guió hacia el ancho camino hecho por el ganado, que, con los arbustos aplastados, parecía el rastro de una serpiente monstruosa. Durante las primeras millas tropezó con varias vacas y terneras que habían huido del hatajo. Después se detuvo en el lomo de la ondulación final y tuvo a sus pies el valle situado frente al desfiladero. Una interrupción en los arbustos de artemisa indicaba la entrada al cañón, y la pista hecha por el ganado recorría, paralela a ella, toda la distancia que la vista podía avanzar. Aquella pista llevaba a un punto ignorado, por dónde Oldring metía en el Desfiladero todo lo que robaba. Muchos jinetes habían osado seguir aquella pista, pero ninguno regresó. Venters se cercioró de que los bandidos emprendieron, también aquella vez, el camino acostumbrado, y después apartándose de la pista en ángulo recto, se dirigió al desfiladero.
A la caída del sol, el joven tomó un sendero que usaba siempre para entrar en el cañón. Desmontó para examinar el suelo y no halló más huellas que las que él mismo dejara días antes. Sin embargo, envió a Ring a explorar la cañada y aguardó. Al poco rato el perro volvió sin demostrar la menor agitación. Entonces Venters llevó el caballo a la escarpadura.