Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters miró rápidamente hacia el cañón por dónde los otros bandidos habían desaparecido. Calculó qué tiempo sería necesario para que los jinetes volviesen, en el caso de que hubieran oído las detonaciones, y esperó con ansiedad. Pasó el tiempo y los bandidos no volvieron. Entonces el joven se consideró a salvo, cuando menos por el momento.
Se marchó aprisa hacia el sitio en que el primer bandido fue arrastrado por su caballo. El hombre estaba boca arriba en la alta hierba, muerto, con la mandíbula inferior caída y los ojos salidos de las cuencas… Tal aspecto ofrecía, que dio náuseas a Venters. Al primer hombre sobre quien ejerció su puntería le había atravesado el corazón de un balazo. Con un sudor frío en todo su cuerpo, Venters arrastró el cadáver hacia las rocas y lo cubrió como pudo con piedras. Después alisó las huellas en el césped y entre los arbustos. El caballo del bandido habíase parado a un cuarto de milla de distancia y estaba pastando.
Cuando el joven se dirigió rápidamente hacia el lugar dónde yacía el jinete Enmascarado, experimentó nuevamente náuseas; sin embargo, iba lleno de curiosidad. Había abatido nada menos que al famoso lugarteniente de Oldring, cuyo rostro nadie había visto, y el hecho le lleno de orgullo. ¿Qué diría ahora Tull de esta hazaña del proscrito que iba demasiadas veces al Desfiladero de la Decepción?
