Meseta negra

Meseta negra

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo VIII

A LA tormenta de arena sucedió otro día color gris acero.

En los sitios soleados y abrigados, como en la pared exterior del corredor del extremo del puesto donde se hallaba la habitación de Paul, donde el desierto con sus rocas relucientes y los diablos del polvo amarillo no podían divisarse, era posible estar cómodo.

Paul no podía caminar erguido y aún menos montar a caballo. Wess tampoco cabalgó aquel día, y aconsejó a su camarada un descanso de varios días.

Louise no había regresado de Walibu, y Paul supuso que la tormenta la habría retrasado.

La mañana del quinto día, muy temprano, las rudas aunque reacias, sacudidas de Wess despertaron a Paul, arrancándole de un profundo sueño.

—Oh... oh... ahora comprendo qué fácil ha de ser cometer un asesinato —rezongó el joven.

—Tal vez yo no —gruñó el vaquero con una mirada tenebrosa—. Ya es tarde. Belmont y Louise regresaron anoche, ya tarde. Ella llevaba el niño... y... Oh, pero esto no es lo peor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker