Meseta negra
Meseta negra —¿De veras? —Paul estaba ya completamente despejado, sintiendo un extraño escalofrÃo en sus venas—. ¿Qué pasa?—Me levanté al oÃr un carromato, y quise asegurarme de lo que se trataba. Belmont venÃa del Norte, con el caballo atado detrás. Y a la hora del desayuno dijo que habÃa venido de Wagontongue. Habló mucho. Como hace siempre que hay algo en el aire. Bien, no dejé que supiese que yo estaba al tanto de la verdad... y que ahora sé también que es un redomado embustero.
—No estuvo en Wagontongue —aseveró Paul—. ¿De qué le sirve, entonces, mentir? Tal vez cambió de idea a causa de la tormenta.
—Amigo, ese tipo sólo me lo imagino como un canalla. Créeme, sus intereses se hallan al norte del rÃo.
—Hace tiempo que lo sospecho. Y Louise fortaleció mis sospechas. Wess él...
Paul sintió de repente unos terribles dolores, que le impidieron hablar, como si se ahogase.
—¿Qué decÃas? —le apremió Wess.
Lentamente, Paul desvió el rostro.
—Vamos, habla —le urgió el vaquero.
—¿Estuvo en el aposento de Louise? —inquirió al fin Paul, con cierta vergüenza.