Meseta negra
Meseta negra —No lo sé. Wess dijo que sà podÃas ayudarme.
Los ojos de la enferma buscaron los del vaquero en confirmación de sus palabras.
—Seguro, Natasha. Nos ocuparemos de ti.
—Natasha, tiene que verte un médico, y necesitas un cuidado adecuado, ropas limpias, buenos alimentos, leche pura... ¿Me permites que yo lo disponga todo?
La muchacha asintió con la sombra de una sonrisa de gratitud.
—Natasha, cuando hayas recuperado la salud tendrás que irte lejos de Aguas Amargas —continuó Paul—. ¿Adónde podrÃas ir? ¿Qué podrÃas hacer?
—Hombre blanco, ésta es la última vez que hablaré en tu lengua —replicó ella—. Para mà no hay otra cosa que las chozas de mi pueblo. Pero deseo adentrarme en los cañones de esta región.
—De acuerdo, yo te ayudaré. ¿Tienes algún familiar con quien ir a vivir?
—Taddy, que ves aquÃ, quiere que me case con él. Su gente vive bajo las grandes montañas. AllÃ, el paÃs es muy agreste. ¡Sin senderos! ¡Sin comerciantes! Creo que me gustará ir.
—¿Taddy? —repitió Paul, dando media vuelta para examinar al indio bravo—. ¿Eres tú?
—Sà —replicó el muchacho, con voz gutural.
—¿Por qué quieres casarte con Natasha?