Meseta negra
Meseta negra EL desierto de Aguas Amargas, de rocas y tierra ennegrecida por el sol, retenía el calor durante el otoño. Cada día sucesivo era más seco, más cálido, más feroz que el anterior. El maíz, los melones, el heno de las huertas indias se quemaban hasta arrugarse y marchitarse como si fuesen de cuero. El ganado enflaquecía hasta morir. Los seres humanos habían llegado al límite de resistencia de la mente y el cuerpo.
Wess cabalgaba solo por la comarca. Durante la parte del día que estaba en el puesto, presentaba el aspecto de un joven macilento, demacrado, de mirada penetrante. Comía en su tienda un alimento escaso como el de un indio pobre. Cuando hablaba lo hacía de forma aguda y breve. Al fin, Louise acabó por no dirigirle la palabra.