Meseta negra
Meseta negra Paul también se mostraba abatido. Lo comprendía, pero no conseguía sobreponerse a las implacables fuerzas debilitadoras de aquel lugar, del tiempo, del terrible final que parecía inminente. La disputa de Belmont con él respecto a su negativa a despedir a Wess sirvió para ensanchar considerablemente el abismo ya existente entre ambos. Aparentemente, esto agradó al comerciante, el cual también forjaba ciertos planes. Su pensamiento, turbio y profundo, se asemejaba a los malos augurios del terreno. El cambio sutil, casi impalpable, de las últimas semanas, era ya casi palpable. Belmont se hallaba bajo los efectos de una enorme tensión, cuyo final no sospechaba. Su avaricia, su lascivia y el amor hacia la bebida parecían haberse unido en él para desintegrar la influencia de Aguas Amargas.