Meseta negra
Meseta negra Por tanto, su gesto, último y deliberado de aislarse en un desierto inhospitalario no era más que otra esperanza frustrada. AbandonarÃa. Cuando Belmont y Wess regresasen, les recompensarÃa por sus molestias y abandonarÃa el proyecto ganadero. SerÃa mejor interesarse en un negocio maderero, al sur de Wagontongue. La altitud era menor el paÃs estaba lleno de cañones y mesetas forestales, el agua era pura, abundaba la caza salvaje... ¿Cómo no se le habÃa ocurrido antes? ¡Era infinitamente mejorÃa fragancia de los bosques de pinos y el susurro de los riachuelos ambarinos, que esta región rocosa y solitaria, de cuyas entrañas sólo surgÃa la amargura! HabÃa sido un loco al imaginar que la vida en una región semejante podÃa ser su salvación.
Sin embargo, Paul adivinaba que dondequiera que fuese se le presentarÃa el mismo problema, la misma sombra caerÃa sobre su rastro, el mismo pesar lacerarÃa su corazón. A menos que pudieran encontrar algo... no un lugar, no un trabajo, no un ancla a la que asirse, sino un nuevo significado a la vida que tornase valiosa su existencia.
—Tengo mi destino... —musitó—. Ese vaquero... ¿habrá acertado?