Nevada
Nevada —No hay mucho que contar, pero es terrible —dijo el muchacho sentándose al lado de la joven. Luego, en voz baja y emocionada, continuó—: Rosa estaba allÃ. Hacia horas que me esperaba, llorando, temiendo que no fuese. Dijo que estaba deshecha, que habÃa descubierto que me amaba; que yo era el único que la habÃa tratado bien, que se mostraba bueno con ella. Dijo que sabrÃa renunciar a mà para ahorrarme la deshonra, pero que eso serÃa su muerte. Juré entonces que jamás la dejarÃa, que estaba dispuesto a casarme con ella. Y asà hablé largo rato, hasta dejarla más apaciguada. Entonces le dije que el próximo miércoles irÃas tú conmigo. Se asustó mucho. Pero le aseguré que tú nos ayudarÃas, y, por fin, transigió. Irá por un sendero que conocemos los dos, hasta encontrarnos… Eso es todo. ¡Hettie, por el amor de Dios…!
Marvie se calló, con un sollozo en la garganta.
Hettie, movida por un impulso de admiración, le dio un beso.
—Marvie, eres un verdadero hombre —dijo—. Iré. Ya encontraremos algún medio para solventar tu problema.