Nevada
Nevada —¡Ah, ya los veo! —repuso Hettie, sobresaltada—. ¡Oh, me alegro!
—Bueno, Hettie Ide —observó Nevada—, seguramente Marvie y Rosa tendrán muchas cosas que decirte… De todos modos, no regreses a casa demasiado aprisa.
Los labios de ella se movieron para formular una pregunta que no pudo pronunciar.
—Es la hora de la puesta del sol —continuó él con extraña mirada—. La puesta del sol para Dillon… y, seguramente, el ocaso para mà también.
Luego, espoleando su negra montura, desapareció en furioso galope en dirección al rancho.