Nevada
Nevada Nevada se acercó al rancho por el lado próximo al bosque, cuyas avanzadas de pinos y cedros aislados llegaban por la llanura, de suave inclinación, hasta los establos.
Con la cabeza ardiendo y el corazón aterido, angustiado por el peso terrible de la confesión y del desprecio de Hettie, se detuvo Nevada bajo el último grupo de cedros. Allí se apeó, respondiendo a un instinto que sobrevivía aúnen aquella hora angustiosa, aquel instinto merced al cual pudo seguir siendo Jim Lacy. Mas ahora no era el instinto de conservación de sí mismo, sino el de buscar y matar a Eduardo Richardson, alias Campbell y Clan Dillon, último superviviente de los fugitivos de la guerra del Condado de Lincoln.
Pensando en su nueva hazaña, fijando bien la idea en su aturdido cerebro, quitó la silla y el bocado al caballo, dejándolo en seguida en libertad. Ya no lo necesitaría. Luego sentóse a la sombra y, rechazando, con un tremendo esfuerzo mental, todo otro pensamiento, toda otra emoción, se entregó de lleno a planear el acto justiciero que pensaba llevar a cabo.
