Nevada
Nevada —Con la primavera se ha animado un poco. Mamá ama el sol, los árboles, las flores, los pájaros. Le gusta estar al aire libre. El invierno aquà es largo y frÃo. Llueve y nieva mucho. A mamá le causan horror los vientos helados. Con franqueza, Ben, no creo que sea la pena por papá; ese dolor ya se ha calmado. Es este valle, que es malo para ella. Lo es para mà en invierno, ¡qué no será para nuestra madre!
—He estado temiendo lo mismo —declaró su hermano, pensativo—. Pero también existe la posibilidad de alguna enfermedad orgánica.
—Mamá no es vieja, Puede vivir muchos años. Pero para eso es precisa hacer algo. Yo aconsejo que te la lleves a San Francisco para consultar a un buen médico. Llévate a Ina. Tu hijo estará bien a mi lado; yo sabré llevar bien el rancho.
—¡Caramba!, es una buena idea —declaró Ben con asombroso entusiasmo. De un salto bajó la cerca y ayudó a Hettie a ponerse en pie—. Ina se alegrará mucho. Hará que su hermano Marvie se quede aquà contigo.
—Ben, veo que están decidido a ir —contestó Hettie, alegre y satisfecha también.
—Ya lo creo, y te apuesto lo que quieras a que Ina saltará de alegrÃa. Vámonos ahora mismo a decÃrselo. Hettie miró por la cerca del corral al Rojo de California.
—Adiós, noble salvaje —exclamó.