Odio de razas
Odio de razas Marian comenzó a pensar que la silla, los estribos y el movimiento eran las cosas más molestas del mundo. La marcha sosegada de Bucksin le había permitido salvar las dificultades y las incomodidades del viaje. Pero éstas comenzaban a producir efecto en ella. Marian se sintió agradecida por el buen trecho que hubo de recorrer, puesto que temía los malos caminos mucho mas que a la creciente fatiga que se apoderaba de ella. Y, ciertamente, casi `se gozó en sus dolores y fatigas. A pesar del calor del sol, el aire era frío. Y transportaba tanta fragancia y tan persistente, que Marian experimentó una especie de embriaguez. Poco a poco, los mojones de piedra se borraron en la lejanía. Solamente parecía haber ya ondulantes bosques de intenso verdor alternados con espacios cubiertos de, una tonalidad de púrpura. Sin embargo, había también un gradual aumento en el volumen de los árboles, en el verdor del follaje, en la fragancia de la salvia.