Odio de razas
Odio de razas Y recurrió a la utilización de toda su fortaleza de ánimo y a la anulación de su ansiedad para iniciar el nuevo ascenso. Tiempo tendrÃa, después de haber subido la peligrosa pendiente, para pensar en Nophaie. A pesar de lo que Withers habÃa dicho, Marian tenÃa poca fe en sus propias esperanzas. Acaso encontrase al dÃa siguiente a Nophaie. Y buscando ansiosamente con la mirada las huellas de los caballos que subÃan delante de ella, puso Ãnte- gramente sus energÃas en el ascenso. El camino;debÃa de ser- muy antiguo, pensó, si se juzgaba por el inconfundible surco que se marcaba en ciertos lugares en que los des- lizamientos de tierra o la caÃda del agua no lo habÃan cubierto. Marian descansó en todas: las rocas o sitios que halló convenientes para, hacerlo. Media hora más tarde encontró la garganta, que se: abrÃa anchamente, en forma de escudilla, en su centro, con costados de rota roca. Al cabo de media hora más, sin duda, habÃa hecho muy pocos progresos en dirección al borde superior.