Odio de razas
Odio de razas pero nada pudo descubrir que pareciera un jinete y su montura.
- i Oh, no puedo verlo! - exclamó.
- Más lejos…, a la izquierda… AllÃ, en la misma dirección. que aquel farallón de color terroso que hay al pie de la montaña… Siga con la mirada una lÃnea recta desde aquà a lo largo de la salvia… Dos puntos movientes; uno blanco…, otro negro.
- ¡SÃ! ¡SÃ! Veo dos puntitos. Pero ¡qué pequeños! ¿Es posible que sean caballos?
- ¡Claro que pueden serlo! Nophaie monta el negro y lleva el blanco de las riendas. ApostarÃa cualquier cosa a que ese caballo blanco es un regalo para usted. Nophaie tiene un caballo mesteño muy hermoso, según he oÃdo decir. Pero jamás lo ha llevado a mi establecimiento.
- ¡Para mÃ! ¿Lo cree usted? ¡Oh, serÃa maravilloso! ¿Podré montarlo?
- Algunos de esos caballitos de la región de Pahute son dóciles. No creo que Nophaie ofrezca a usted alguno que no lo sea.