Odio de razas
Odio de razas - Necesitarnos comer carne- dijo uno de los hombres, que tenía un rostro oscuro.
- Bien; entonces busquemos a la india dueña de este rebaño y comprémosle la carne que necesitamos - sugirió otro.
- Moze, pareces saberlo todo -gruñó otro- ¿Por qué ha de ser india la dueña de esas reses?
- Porque las indias suelen poseer rebaños - replicó el anterior.
Aquellos hombres del desierto estaban cansados y hambrientos. Y acaso uo lo estaban por efecto de su honestidad, según podía deducirse de la presencia de los caballos y las mulas de carga suplementarios que llevaban. Más de una furtiva mirada recorrió la extensión para dirigirse al oeste. La impaciencia y el efecto del calor se manifestaban en los rostros rojos de los hombres.
- No tenemos tiempo para hacerlo-dijo el hombre del rostro oscuro.
- Bien; pero no quiero que los indios sigan nuestras huellas. Os digo que será preferible que perdamos el tiempo necesario para comprar la carne.
- ¡Hum! En la próxima ocasión dirás que comamos carne de caballo -replicó el llamado Mozo-. Da un golpe al chico en la cabeza, coge unos cuantos corderos, y vámonos. ¡Eso es lo que debemos hacer!