Odio de razas
Odio de razas El proyecto de Moze pareció ser bien recibido por varios de los miembros de la banda. Todos ellos estaban dominados por el deseo de apresurarse.
Nophaie no pudo entender su lenguaje, pero presintió peligro para sí. Repentinamente echó a correr entre los caballos y, rápido como un ciervo, se lanzó a toda velocidad a través de la vegetación.
- ¡Coged a ese chiquillo, uno cualquiera de vosotros -gritó alguien, con la voz de la autoridad.
Uno de los jinetes picó espuelas a su caballo y, después de haber derribado a Nophaie, alargó una mano fuerte para recogerlo y depositarlo atravesado sobre el arzórn. Nophaie quedó inerte.
- Bill -gritó el jefe-, no tienes necesidad de malIratar al chiquillo. ¡Esperad todos!
Aquel hombre era alto, flaco, de cabellos grises, v tenía ojos de halcón. Recorrió con la mirada la extensión de terrena que se abría hasta las columnas de roca. No se veía a ningún indio ni hogan. A continuación, añadió:
- Bill, no sueltes al muchacho. Y, cualquiera de vosotros, lleva el ganado delante de nosotros. Por ahí cerca debe de haber agua. Acamparemos donde la encontremos.
- ¡Hum! -exclamó disgustadamente Bill-. Me parece una tontería, cap. ¿Qué te propones al pretender llevar al muchacho con nosotros?