Odio de razas
Odio de razas - No me parece decente matarle sin motivos, y no creo que sea prudente que le permitamos volver a su casa esta noche.
- Muy bien. Tú eres el que manda. Pero de todos modos, sería capaz de comer hierba si no tuviera la seguridad de que los indios nos encontrarían muy pronto…, a pesar de todo.
- ¡Eres muy listo, Bill! -contestó el otro-. Cabe en 1o posible que la familia de ese chico encuentre nuestras huellas mañana; pero me jugaría la cabeza a que no sucederá así.
Nophaie continuaba inerte sobre el caballo, y así prosiguió por espacio de varias millas, hasta que lo dejaron caer a tierra como a un saco vacío. La banda se había detenido en un lugar en que se poponían pasar la noche. Nophaie tenía las manos y los pies atados con una cuerda. Oyó los balidos de los corderos, el sordo murmullo de sus pezuñas al ser conducidos en dirección al desierto. Uno ele los hombres le entregó comida y bebida. Otro lo cubrió con una manta. El temor de Nophaie se aplacó; pero en su corazón:se albergaba la herencia de un odio negro. No durmió.