Odio de razas
Odio de razas La carrera embriagó a Marian. Cuando, al final de un recorrido de cuatro millas, Nophaie le dijo que frenase a Bucksin con el fin de que continuase marchando a paso lento, Marian se encontró inquieta, con la respiración entrecortada y llena de frenéticos impulsos de correr más y más, de aspirar la exquisita alegrÃa recién liberada, de abrazar el desierto y olvidar el mundo.
- ¡Oh! ¡Qué maravilla! -exclamó-. No sabÃa… nunca lo supe… lo que una carrera… puede representar… Debes correr… conmigo.
- Espera hasta que puedas, mañana, montar tu caballo blanco. Correrá como el viento… Redujeron nuevamente la velocidad de la carrera, y continuaron marchando a paso lento, uno junto a otro. Marian observó temerosamente la intensidad de la felicidad que la dominaba. ¿PodrÃa durar? ¿Cuál era su causa? Ella misma, Nophaie, su amor… todo esto no encarnaba de modo completo el origen de aquel nuevo significado de la vida. Y entonces recordó lo que Withers le habÃa dicho: «Los lugares influyen más que las personas en la felicidad.» ¿Qué quiso expresar con estas palabras? Comunicó a Nophaie esta observación del comerciante, y 1e pidió una explicación.
Nophaie permaneció silencioso por espacio de varios momentos.